La leche materna es más beneficiosa que la artificial, no sólo por sus propiedades inmunológicas y digestivas para el bebé, sino que también te permite fomentar un vínculo afectivo con tu hijo.
Las madres que deseen poner el bebé al pecho en la sala de partos pueden hacerlo en los primeros minutos que siguen al nacimiento. Si bien no se ha determinado un período de tiempo específico para la primera toma, se aconseja que se haga en las 2 primeras horas de vida; ya que posteriormente el recién nacido entra en un período de sueño. El inicio precoz de la lactancia favorece una buena instauración y una duración más prolongada de la lactancia.
No existe evidencia que justifique la restricción del tiempo en la duración de las tomas. Los neonatos pueden lactar sin interrupción de una mama hasta que finalizan el vaciado de la misma de forma espontánea, y pueden seguir con la otra si muestran apetencia. El vaciado completo de una mama permite lograr una mejor nutrición al lactante, ya que la parte final de leche contiene más lípidos (grasas), por lo que es más alta en calorías. Se aconseja ofrecer al inicio de cada toma una mama diferente, para así lograr un vaciado adecuado de las mismas; puesto que el vaciado de las mamas influye en la producción y la instauración de la secreción láctea.
Se recomienda que las madres alimenten a sus hijos según la demanda de alimento de éstos. Se ha visto que a los bebés a los que se alimentan a demanda ganan más peso y permanecen más tiempo con la lactancia materna que los bebés a los que se imponen restricciones horarias. El número de tomas por día aumenta a partir de las 48 horas y en el primer mes de vida puede oscilar entre 7 a 12 tomas. Cuando el número de tomas diarias sea inferior a 6 será necesario averiguar cual es la causa, consultando con su pediatra.